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Notas de Campo de Éliezer
Notas escritas sobre sus aventuras, incluye datos de críptidos, rituales, ubicaciones, etc...
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Chaneques
Boceto de un pequeño humanoide de mejillas redondas y vientre prominente, vistiendo un taparrabos de algodón tosco y collares de cuentas
No son los 'duendes' europeos que imaginaba. Estos homúnculos son puramente americanos, de baja estatura y contextura marcadamente regordeta. Lo más fascinante es su indumentaria: visten ropajes de estilo prehispánico, pequeños penachos y sandalias de cuero que parecen no haber cambiado en siglos.
Su naturaleza es la travesura pura; disfrutan confundiendo los sentidos, haciendo que el camino a casa parezca un laberinto sin fin. Sin embargo, he descubierto una debilidad encantadora en su psique: adoran los dulces. Si uno deja una ofrenda de azúcar, pan de dulce o incluso miel en un tronco hueco, se vuelven dóciles. Te devuelven los objetos perdidos e incluso susurran advertencias sobre los peligros que acechan en lo profundo del monte. Un pequeño precio por la paz mental.
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Chupacabras
Algo está diezmando el ganado. No es un lobo, ni un puma. Las heridas son quirúrgicas: tres perforaciones perfectas en la yugular. Los animales aparecen secos, como si una bomba de vacío les hubiera extraído hasta la última gota de vida. Es una criatura de espinas dorsales y ojos inyectados en sangre que brilla en la oscuridad.
¡PELIGRO!: Es extremadamente agresivo y veloz. No muestra miedo ante las armas de fuego. Si escuchas un siseo metálico entre los matorrales, no investigues. Su sola presencia parece paralizar a las víctimas. Es una aberración biológica que parece alimentarse no de carne, sino de la esencia misma de la vida.
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Nahuales
No es una simple superstición de los peones. He visto sombras que no corresponden a su dueño. El Nagualismo es una transmutación del alma en la bestia. Inés dice que es un pacto, un 'préstamo' de piel. He documentado avistamientos de estos hombres-bestia en las cercanías de la hacienda. Sus formas más comunes en esta región de Veracruz son:
El Jaguar: Una sombra dorada y letal en la noche.
El Zopilote: Que vigila desde los tejados con ojos demasiado humanos.
El Coyote: Cuyos aullidos suenan como risas burlonas.
El Tlacuache: Rápido y astuto, ideal para el espionaje.
El Venado: De astas blancas que se pierden en la niebla.
El Coatí (Tejón): Que escarba en busca de secretos bajo la tierra.
Se les reconoce por sus ojos; sin importar el animal, la mirada es la de un hombre que ha renunciado a su humanidad.
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Llorona
Boceto de una figura femenina etérea, cuyo rostro se desvanece en una neblina blanca que parece escarcha
Las leyendas locales hablan de una mujer que busca a sus hijos, pero aquí, en la hacienda, el mito ha tomado un cariz más oscuro. Los peones juran que su llanto ya no es solo de tristeza, sino de un frío absoluto. Dicen que allí donde sus lágrimas tocan la tierra, los tallos de caña se mueren y se cubren de una capa de hielo negro.
Inés insiste en que ella no busca a sus hijos, sino que huye de la 'Sombra del Norte'. Escuchar su lamento a medianoche reduce el vigor de los hombres hasta dejarlos tullidos. No es un fantasma común; es una manifestación de la desesperación climática. Si escuchas el llanto cerca, ella está lejos; si lo escuchas lejos, está justo detrás de ti. No mires atrás.
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Cadejo Negro
Ilustración de un perro negro de tamaño colosal, con ojos rojos brillantes y cadenas oxidadas colgando de su cuello
Existe un protector y existe un verdugo. El Cadejo Negro es este último. Se manifiesta en las noches sin luna, siguiendo a los viajeros que han cometido actos de gran bajeza. Sus pezuñas no suenan sobre la tierra, sino que emiten un chasquido metálico, como si caminara sobre huesos congelados.
Es un guardián de los secretos de Inés, o quizás su cobrador. Se dice que si el Cadejo Negro te lame la mano, tu alma queda sellada y será su alimento. Es una criatura de una agresividad contenida, un depredador que prefiere esperar a que la locura te consuma antes de arrastrarte a las sombras. He visto sus huellas en el lodo del platanar... son demasiado grandes para ser de un perro, y siempre están frías al tacto.
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Ithaqua (Wendigo)
Los fragmentos que he rescatado de las leyendas totonacas y los mitos del Norte son... contradictorios. Hablan de un gigante que toca las nubes, de un dios que se mueve en el corazón de la ventisca. Las crónicas son antiguas, poco fiables, llenas de pavor religioso. Unos dicen que es un espíritu del hambre; otros, que es el viento mismo cobrando conciencia.
No puedo dibujar su rostro, pues nadie que lo haya visto ha regresado con la mente intacta. Mis bocetos son solo sombras alargadas, pies que terminan en ceniza y un par de astas colosales que se confunden con los rayos de una tormenta. Es una fuerza de la naturaleza, una anomalía climática con voluntad propia. Los antiguos lo llamaban 'El que camina', y según dicen, Veracruz es solo una escala en su eterno peregrinaje hacia el frío absoluto.